Domingo Deportivo

Abril 21, 2008

Este fin de semana pasado me lancé al Autódromo de los Hnos. Rodríguez con un cuate a ver la Serie Nascar, mexicana y gabacha.

Esto del automovilismo es toda una experiencia. El rugir de los motores, el colorido de las camisas de escuderías, los diseños de los autos, los choques y rebases, los stands y un sin fin de cosas siempre me emocionan desde que voy llegando al lugar designado para la carrera. A pesar de ser un deporte históricamente elitista, nunca falta el ñero que abuchea los himnos o que sabrosea a las edecanes.

Todos los boletos eran de localidad ‘General’, es decir, tienes que llegar temprano para apañar el asiento que quieres tener todo el día y ganarle a la perrada, cualquier distracción y te madrugan.

Ayer nos encontrábamos esperando la segunda carrera del día cómodamente sentados en las gradas (bueno, ni tan cómodos por el pinche calor que hacía) cuando de la nada se dejó venir una numerosa familia que literalmente nos rodeó. Poco a poco fueron acomodándose entre nosotros los 21 integrantes, que imagino llegaron en una mariachera bien chingona.

Atrás se sentaron los primos y primas adolescentes que lo único que hicieron fue comer todo lo que vendían y platicar de todo menos de automovilismo, al lado derecho el tío que no sabía ni qué hacía ahí, a mi izquierda estaba la hija de la ñora que era igualita a Berta de Two And A Half Men, hasta tenía la misma voz. La damisela en cuestión no estaba de malos bigotes pero iba acompañada por el novio, un galanazo de balneario.  Abajo se sentó el don que sí sabía a lo que iba aunque estuvo mas preocupado por cuidar a las cuatro niñitas que lo acompañaban.

Anunciaron que no dejarían pasar alimentos ni bebidas pero definitivamente la revisión no es el fuerte de los elementos del Grupo Lobo ya que entre tantas bolsas y pañaleras que traían las féminas, cargaban hartos ‘changüis’ de atún que la verdad se veían rebuenos, cachuates, palomitas, papas y una bolsa de frutas que incluía dos plátanos, uvas, ciruelas, tres manzanas y dos peras ya cortadas para que no se complicara la ingesta de las mismas. El menú de bebidas desgraciadamente nada mas incluía agua tibia que al final sirvió para el biberón de las niñas, así ya no tuvieron que pedir que la calentaran en alguno de los puestos de comida que había.

Por supuesto, era una familia precavida y para muestra el cambiador portátil que cargaban, el cual era una bolsa de Sears que cargaba los souvenirs que habían comprado. Los vasos de las chelas dobles que se habían chupado sirvieron de bote de basura para el pañal usado por una de las menores.

Toda esta experiencia de sentirme parte de ellos se vio redondeada con la frase del día, dicha por el patriarca de la familia. Cuando llegaron, los asientos que ocuparían estaban, lógicamente, hirviendo por el pinche sol que calentaba el pinche acero del cual estan hechas las gradas. Las niñitas se quejaron de esta situación y después de que la mamá les indicó que se sentaran en la orillita de los ‘chores’ que vestían, el padre dijo, emanando fineza digna del príncipe de Mónaco ’No, no te sientes por que te van a salir almorranas’.  Sigo preguntándome ¿una chiquita de 3 años sabrá qué son las almorranas?.

Ah, me faltaba apuntar que las niñas llevaban un ‘termo-ventilador’ (¿lo venderá Betterware?) el cual usaban para refrescarle las nalgas al tío que se levantaba seguido para ver a unas chavitas que se encontraban a unos metros, y él ni en cuenta.

Para cerrar citaré al filósofo ’Pompín’ Iglesias: ‘Qué bonita familia, pero queee boniiita famiiilia!’ 

Currently listening: Persiana Americana (Live from Mexico City) by Soda Stereo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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